Invierno, momento de interiorizar.

12 de diciembre del 2016

 

En pocos días entrará el invierno, la estación más fría. Es el momento en que la naturaleza parece que para, se da un descanso, pero, es un descanso externo, porque internamente se da el tiempo para ir preparando la tierra, cogiendo fuerzas, para luego se produzca una explosión de vida en primavera.

Nosotros estamos cada vez más separados de estos procesos, que son naturales. Tenemos la necesidad, a veces impuesta por el entorno, de hacer y hacer, porque ¡igual nos miran mal si no vamos a tono! y caemos en esta espiral que nos arrastra. Sobre todo ahora en Navidades, en que parece se acentúa más este ritmo, todos, parece que nos volvemos locos, comprando ¡para comer!, ¡para regalar!, ¡¡para hacer!!, y sin pensar, sin ver, y olvidando lo importante…

Me llama mucho la atención el nivel de estrés que llevamos con estas fechas, empezando des del pobre cajero, que sin querer te presiona para que corras a pagar, antes de poder poner tus cosas en el carro, porque ve que se le acumula la gente en la caja. Hasta el cliente que va detrás tuyo, que tiene el mismo nivel de ansiedad y te va empujando con su carro sin dejarte ni el momento para ¡pagar la cuenta!.

Así que os voy a compartir en este post, un fragmento de un texto que escribí en Julio de 2006, donde experimenté por primera vez un «Ermitage». ¡Sí! me fuí ha hacer de ermitaña durante 24 horas al bosque.

No es necesario irse al bosque para hacer de ermitaño, pero, si no nos damos la oportunidad de parar el ritmo en invierno, como hace la naturaleza, para permitirte, interiorizar aquello que estás viviendo, aquello que quieres vivir, cómo lo quieres vivir y con quién. Darnos tiempo de limpiar lo que sabemos que no nos beneficia, y curarnos. Sentir y saber cómo estamos y cómo queremos estar. Si no nos damos este tiempo, es probable que al llegar la primavera, en donde toda la energía resurge con más fuerza, nosotros no la encontremos.

«ERMITAGE 2006.


Para mi sorpresa, he podido contemplar una maravillosa puesta de sol, con unos colores cálidos, como hacía tiempo que no había visto. El ambiente que respiro es sereno y a la vez lleno de una energía reparadora. Puedo sentir los pájaros, palomas y la calma del atardecer en el bosque. Poco a poco mis oídos se van adaptando al sonido de su silencio armónico. Cada vez me siento mejor.

Me sorprende no tener miedo. También los pocos sonidos que cimg3904he escuchado durante la noche, ni siquiera las ramas de los árboles se movían.

Está amaneciendo, poco a poco el día despierta y con el las rutinas del bosque. Durante un rato he podido observar a una ardilla, a la vez que ella me observaba a mi. Ha ido saltando de rama en rama a mi alrededor hasta que finalmente se ha ido sin más.

Poco a poco el sol nos ha ido tocando a todos, árboles, plantas, tierra, mi cara, manos,… Respiro un aire cargadado de la mezcla entre la fuerza y energía de la mañana, que me ha ofrecido el bosque en el que estoy, y que se ha renovado durante la noche, y la que me ofrece el sol. Todo un resurgir, un día renovado, listo para ¡ser vivido!…

Gracias madre naturaleza. Gracias Swamini Danda.»

Om Shanti. Feliz invierno.

Marga Martin